Inspiración
La estrella, como esa luz que siempre encuentra la forma de guiarnos; la moneda, como huella de un legado que vive en nosotros; y los aretes, como una expresión de la esencia y el estilo propio de Ana. Tres formas de transformar su historia en joyas, donde los símbolos del pasado se encuentran con una mirada contemporánea y cada pieza encuentra su propia manera de permanecer.
Ana
Galán De Brigard
Ana Galán de Brigard llegó a la moda por el lado de los libros. Creció en una familia de gente que leía, que estudiaba, que creía en saber las cosas, y esa casa le dejó una obsesión que todavía no se le quita: el porqué. Por qué existe eso, por qué se ve así, por qué justo ahora. Estudió Historia del Arte en Bogotá con esa pregunta en la cabeza, y la moda, que ya le gustaba, empezó a parecerle otra manera de contestarla.
Se fue a Nueva York a estudiar diseño de moda. Después a Copenhague, a Design, Business and Technology, y ahí se quedó seis años. Pasó por diseño, por comunicaciones, por marketing, por relaciones públicas. También estuvo del otro lado de la cámara, como modelo. Nadie le pidió que probara todo. Quería entender cómo funcionaba cada pedazo de la industria y la forma más honesta de averiguarlo era trabajar en él. Los estudios le dieron el piso. Lo demás lo aprendió haciendo.
Hoy se mueve entre dos mundos que en teoría no se hablan mucho. Uno es corporal y estético, el del modelaje, la imagen, el contenido, y le encanta. Le encanta la ropa, le encanta comprar, le encanta armar una pinta que quede bien. El otro es el de sentarse a preguntarse qué dice una época a través de lo que se pone. Ana no sabe mirar un vestido sin querer saber de dónde viene.
Por eso para ella la moda nunca ha sido un mundo aparte. La ve como una colección de otras disciplinas: el arte, el cine, la literatura. Llega a una pasarela con todo eso encima, y de ahí salen sus análisis, la columna que escribe en Marie Claire, las charlas que da, las consultorías con marcas y el contenido que crea.
Y como la moda nunca es neutral, sus análisis casi siempre terminan yéndose por el lado político. Para Ana vestirse, producir, desear y celebrar son actos políticos, de los más cotidianos que hay. En un momento tan delicado como este, el análisis de moda le ha servido de lugar para hablar de política sin necesidad de decirlo todo en voz alta. Quien sepa leer entre líneas, lo lee.
En 2025 ganó el premio a Influencer del Año en los Premios al Talento y la Moda Colombiana, y ese reconocimiento le ha abierto puertas que ya no se quedan en Colombia. Ha estado en las semanas de la moda de París y de Milán, y su trabajo la ha devuelto varias veces a Dinamarca, el país donde vivió seis años. Ahora tiene los ojos puestos en México, y le encantaría llevar lo que hace todavía más lejos.
Ese es el hilo de todo lo que hace. La moda como espejo del momento cultural que vivimos, y la historia leída en lo que la gente decide ponerse.













